La realidad es compleja y cambiante y para interpretarla acudimos a modelos mentales que, a veces, en vez de acercarnos a la solción de dicho problema, nos alejan de ella. Incluso en los casos más sencillos la solución suele ser contraintuitiva. Por ejemplo, ¿porqué al alejar una lupa del objeto, deja de aumentar de tamaño?, ¿porqué es verano en Europa cuando la Tierra está más lejos del Sol?, ¿porqué el uso de calculadores nos disminuye nuestra habilidad mental?, etc.
Toda interpretación de la realidad es, como dijo Kant, una aventura de la razón, y podemos adoptar la posición de renunciar a cualquier interpretación, o bien intentar llegar a una explicación de la realidad. Ahora bien, no hemos de olvidar el carácter analógico de dicha intepretación, ya que no tenemos la menor prueba de que el MUNDO REAL sea de la misma naturaleza que el que nos ofrece la EXPERIENCIA INTERIOR.
Cuando la realidad tiene parámetros definidos y cuantificables acudimos a modelos formales (estadísticos, econométricos, matemáticos,...) los cuales suelen ser aceptables y dar resultados coherentes y aprovechables. Pero hay situaciones complejas en las que la realidad depende de un incierto número de parámetros, siendo éstos dificilmente cuantificables, y es entonces cuando acudimos a modelos menos formales, los cuales nos dan una visión más estructurada del problema, sus aspectos más críticos y sus posibles vías de solución.
La Dinámica de Sistemas encuentra sus principales aplicaciones en los entornos complejos y poco definidos, donde intervienen las decisiones del ser humano, las cuales suelen estar guiadas por la lógica.
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